A veces nos empeñamos tanto en querer a alguien que no queremos darnos cuenta que ésa historia está rota desde hace tiempo, y aunque consiguiéramos juntar todos los trocitos jamás volvería a funcionar. Pero nosotros seguimos ahí, aferrándonos a una esperanza remota e invisible porque no soportamos la idea que todo lo que sentimos, y que tanto nos pesa, se desperdicie. “Tiene que ser él/ella”, “Debe ser él/ella”, “Quién sino?”…te repites una y otra vez pretendiendo encontrarle un sentido a todo lo que has vivido, mientras irradias un amor que no llega a ninguna parte, que se derrama y desaparece contra una pared.
Susurras su nombre mientras caminas por la calle, o se te escapa entre los dientes mientras subes por las escaleras…esperando a que vuelva. Esperando a que de repente aparezca en tu vida diciéndote palabras que suenan huecas en tu cabeza, palabras que te inventas y coses en su lengua. Es tan patético…que hiere.
Pero pasan los días y las semanas, hasta que por fin comprendes que vuestra historia, se ha convertido en TÚ historia. Que se ha consumido, y ha muerto. Y entonces te sientes solo/a en medio de una oscura y espesa inmensidad custodiando todo los que tenías para regalarle, mientras él/ella ya vive en otra vida que no es la tuya.
Escrito el 22-1-2011
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