Y después de muchas vueltas concluyo que lo mejor es enamorarse de nadie. Es probable que esté loca, o que ésta obsesión esté corroyendo el poco raciocinio que me queda. Pero realmente sucede, y me enamoro yo sola, de nada y de nadie. Yo lo llamo “enamoramiento psicológico”, cual embarazada, experimento los síntomas del amor, sin proyectarlo a ningún ser en particular. Una más de las tantas anomalías emocionales que me diagnostico de vez en cuando.
Lo curioso es que me siento agradablemente incómoda, con nervios que me rugen en el estómago e incluso he detectado que seco mis manos húmedas sobre los muslos. Y espero. Cojo bocados de aire, como si pretendiera comerme el tiempo hasta reunirme con un amor que es en realidad un hueco en mi cabeza. Entonces hago un repaso por mi mente en busca de alguien, de algún amor del que no me hubiera percatado. Nada. Las paredes de mi cerebro son negras y escurridizas “Aquí no hay nadie” me cercioro. Sólo algunas sombras que veo pasar, y por las cuales suspiro de vez en cuando. Son las sombras de aquellos de los que me enamoro, sin conocerlos. A penas los he visto una vez, no sé ni sus nombres, y ellos por supuesto no saben que existo. Los acecho desde mi diminuta soledad, al otro lado de la nada, esperando a que me vean por casualidad.
Lo más seguro es que tengan pareja, y que estén muy enamorados de otras y vivan la vida de las demás plenamente. Pero me da igual. Yo me invento una vida a su lado. Me imagino que me esperan en el portal con las manos en los bolsillos y que sonríen de satisfacción al verme bajar las escaleras; que me llevan a algún rincón de la ciudad que no conozco y me hablan de sus vidas y sus penas; que me invitan a un helado y paseamos por las calles sin miedo a perdernos entre luces y carcajadas. Me imagino bañándonos en la playa, hasta que el sol se derrite sobre el horizonte, y contemplamos el apoteósico final del día empapados. Me imagino que me llaman por las noches para reclamar mi voz como somnífero, y que me declaran que sólo viven para y por mi sonrisa, mientras yo, en mi vida real, me deshago como un terrón de azúcar.
